lunes, 4 de noviembre de 2013

Bajo la misma estrella

— Augustus, tal vez te gustaría compartir tus temores con el grupo.
— ¿Mis temores?
— Si.
—Me da miedo el olvido. —Habló sin pensárselo un segundo—. Lo temo como el ciego al que le da miedo la oscuridad.

[...]

— Alguien eh,¿ alguien quiere hablar de eso?

No he estado en una escuela adecuadamente en tres años. Mis padres eran mis dos mejores amigos. Mi tercer mejor amigo era un tutor que ni siquiera sabia que yo existía. Era una persona bastante timida; no del tipo de levantar la mano.
Y aun así, sólo esta vez, decidí hablar. Medio alce mi mano y Patrick, con un evidente placer, dijo inmediatamente:

—¡Hazel!— estaba, estoy segura que asumió, la apertura. Pasando así a formar parte del grupo.

Miré a Augustus Waters, que me devolvió la mirada. Casi podías ver a través de sus ojos, eran tan azules.
—Llegará un tiempo — dije—. Cuando todos nosotros estemos muertos .Todos nosotros. Llegará un tiempo cuando no quedarán más seres humanos para recordar que alguna vez existimos  o que  nuestra especie alguna vez hizo algo. No habrá nadie que quede para recordar a Aristóteles o a Cleopatra, por no hablar de tí. Todo lo que hicimos, construímos, escribimos, pensamos y descubrimos será olvidado, y todo esto —hice un gesto describiendo— habrá sido inútil. Quizá ese tiempo llegue pronto o quizá este a  millones de años de distancia, pero incluso si sobrevivimos el desplome de nuestro  sol, no sobreviviremos para siempre. Paso mucho tiempo antes de que los organismo experimentaran la conciencia, y habrá tiempo después. Y si la inevitabilidad del olvido humano te preocupa, te animo a que lo ignores. Dios sabe que eso es lo que hacen todos.


Cap. 1.

No hay comentarios:

Publicar un comentario